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Patrimonio cultural comuna 13 - Más que turismo

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Se reconocen patrimonios culturales inmateriales y vivos entendidos como potencialidades territoriales significativas para la población de barrios de la comuna 13 San Javier, desde acciones de resistencia social como indicador de paz territorial. Resaltan la diversidad y riqueza natural y cultural, así como la organización social basada en la solidaridad, la construcción colectiva y el tejido social.

Podcasts y experiencias sonoras

Podcast Patrimonio y comunidad

Podcast Patrimonio, turismo comunitario y conservación

Podcast Mujeres de las independencias

Podcast Las Dalias

Podcast El arte como expresión de diversidad cultural

Canción Somos territorio vivo somos territorio de paz Comuna 13.mp3

Contexto teórico, social e institucional de la intervención

Para el año 2021, la Escuela de Artes de Son Batá, tomó una orientación decida por la formación y reflexión del patrimonio cultural material e inmaterial de la C13, por lo que es necesario explorar y contextualizar este concepto a raíz de los profundos debates que encarna, pues en sus dimensiones sociales, políticas y económicas no está exento de contradicciones que en los barrios de la C13 se manifiestan de múltiples maneras, sobre todo en un contexto claro de mercantilización a raíz de la apertura de los barrios a las dinámicas del mercado global. Ejemplo de ello, es el turismo, una nueva práctica urbana que hoy transforma el cotidiano de la población en la C13 pero cuya incidencia aún está por conocer.

La comuna 13 (C13), San Javier, está localizada en la zona centro occidental de Medellín, tiene una extensión de 74.2 Km2 y 19 barrios reconocidos por la división político administra de la ciudad. Limita con los corregimientos San Cristóbal y AltaVista; y con las comunas 11 Laureles, 12 La América y 7 Robledo (figura 1). Se estima que esta comuna es habitada por una población que asciende a los 140.758 habitantes, de los cuales, 73.054 son mujeres y 67.704 son hombres, predomina el nivel socioeconómico 1 caracterizado como bajo-bajo (36.06%), siguiéndole el 2: bajo (38.50%), el 3: medio bajo (21.27%) y el 4: medio (4.18%) (Alcaldía de Medellín, 2015, p. 54-55).

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Figura 1. Comuna 13, Mapa de Medellín. Fuente: Álvarez (2019)

Su proceso histórico de poblamiento muestra condiciones sociales, culturales y económicas características de la comuna 13, prácticas campesinas, así como la alfarería se instalaron en quienes habitan este sector de la ciudad, a la par que la llegada de pobladores de diversas regiones de Antioquia especialmente del occidente y población afrocolombiana hicieron de esta comuna un centro de diversidad social y cultural en Medellín y siendo dicha diversidad parte del patrimonio popular de sus pobladores. Además de ello, sus habitantes instauraron prácticas movilizadoras por el habitar y la lucha por sus derechos.

Su formación data, según Quiceno, Cardona y Montoya (2015) basándose en la narrativa de los habitantes de la comuna 13, en el siglo XIX con uno de los primeros asentamientos precarios de Medellín, el barrio El Salado, fundado, a principios de 1800 por comunidades de esclavos emancipados. También fue lugar de paso durante el siglo XX para arrieros que transitaban desde y hacia Santa Fe de Antioquia (Aricapa, 2005). Ello hizo que prácticas como la alfarería por su riqueza natural en las cuencas hídricas fuera el sustento de familias, desde la construcción de sus casas en bareque, hasta la realización de diversos productos que vendían en la plaza principal de la ciudad de Medellín.

Entre 1870 y 1929 la construcción del Ferrocarril de Antioquia influyó en su proceso de población, intensificando la migración de las zonas rurales del departamento a la ciudad, volviendo la comuna 13 un espacio de asentamiento para la nueva población (Naciones Unidas para el Desarrollo y Alcaldía de Medellín, 1996, p. 22). En 1908, la zona centro occidental, donde se localiza la C13, fue impactada por la construcción de la calle 44 San Juan y en 1921 por el tranvía línea La América, ambos proyectos impulsaron procesos de formación legal e ilegal de barrios, siendo ejemplo de ello, Belencito y Betania, El Corazón, San Javier y La Loma, estos últimos, considerados veredas del corregimiento de La América hasta 1938 y en 1946, por medio de cooperativa de vivienda, se construyó el barrio San Javier (Naranjo, 1992, p.136). En las décadas posteriores se formaron barrios como: Santa Rosa de Lima, La Pradera, Antonio Nariño, Belencito segunda parte, El Socorro y El 20 de Julio. Entre 1979 y 1981, se generan rápidos procesos de ocupación, dando origen a los barrios Independencia I, II, III y Nuevos Conquistadores. El proceso de ocupación de la C13 se caracteriza por su rápido poblamiento en las últimas tres décadas del siglo XX, por ello ha sido considerada como “la invasión más voraz de América Latina” (Aricapa, 2005, p. 5).

En cuanto a condiciones de vida, su formación muestra signos de precariedad, así lo evidencia el índice de condiciones de vida y desarrollo humano de la primera década del 2000 (tabla 1 y 2), el cual se ha mantenido entre los más bajos de la ciudad, después de las comunas de la zona nororiental y Villa Hermosa en la zona centro oriental (Medellín Cómo Vamos, 2018). Lo que sustenta que la comuna 13 no ha sido la excepción en un largo historial de precariedad por abandono estatal, tendencia de los barrios populares de Medellín (Sánchez, 2017).

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Mapa del PUI. Fuente: Centro de Estudios Urbanos y Medio Ambientales URBAM – EAFIT

Momento 1. Talleres de contextualización y sensibilización frente al patrimonio cultural e inmaterial y el patrimonio vivo.

Se identificó, reconoció y reflexionó sobre la historia de la comuna 13 haciendo énfasis en el relacionamiento de los niños, niñas y jóvenes con la diversidad cultural de los barrios populares: culturas afrodescendiente, campesina, urbana, inmigrantes venezolanos, músicas tradicionales, localización de población en barrios específicos; con elementos identitarios y lugares simbólicos de la comuna catalogados como espacios públicos y/o privados que deben valorarse por su carga simbólica positiva/negativa en la construcción de los barrios; y con el tejido social resistente visible en el reconocimiento de líderes y lideresas sociales que han promovido formas de lucha histórica, que pueden ser observadas en festivales barriales, participación socio-política para la paz, jornadas por la paz y la memoria y la no violencia.

Se realizaron 10 talleres con una duración de 2 horas semanales cada uno, para un total de 40 horas. Estuvieron orientados por los talleristas de danza y de música que, mediante la aplicación de técnicas instrumentales en estas artes, vincularon efectivamente reflexiones sobre elementos del patrimonio vivo: diversidad cultural, elementos identitarios y lugares simbólicos, y tejido social (Tabla 1). Asimismo, en cada taller se dispuso de una persona que elaborara ayudas de memoria con agenda, desarrollo y aprendizajes.